Sobre Odebrecht y la corrupción
El 21 de diciembre de 2016, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló la investigación de lo que se convertiría en uno de los mayores escándalos de corrupción internacional de la historia. ¿Cómo reaccionar ante estos fenómenos que tanto nos afectan?
Por: Maria Paulina Santacruz
El conglomerado internacional de construcción con sede en Brasil Odebrecht S.A. y la compañía brasilera de petroquímica Braskem S.A., se declararon culpables de haber pagado cerca de mil millones de dólares a funcionarios públicos de todos los niveles, para obtener beneficios en contrataciones con gobiernos de América Latina y África. La multa que tendrían que pagar es de por lo menos, 3.500.000.000 de dólares y la revelación fue de tal magnitud, que involucró movimientos financieros, empresas fachada y millonarios desfalcos en 12 países alrededor del mundo.
Odebrecht declaró que solamente tiene la capacidad de pagar 2.600.000.000 de dólares, de modo que las autoridades brasileras se comprometieron a realizar análisis e investigaciones adicionales en relación con estas declaraciones, los cuales serán concluidos y aportados al proceso el 31 de marzo de este año.
El esquema de sobornos llevaba más de 15 años funcionando. Una práctica que llegó a ser tan determinante, que la empresa creó la llamada “División de Operaciones Estructuradas”, manejada por una compañía constituida en las Islas Vírgenes, y dedicada exclusivamente a diseñar estrategias de soborno.
En nuestro país, fueron 11 millones de dólares los que pagó la compañía durante un periodo de aproximadamente 8 años – 2006 a 2014 – para asegurar obras públicas, obteniendo un beneficio de cerca de 50 millones de dólares producto de dichos pagos. De las obras adjudicadas al conglomerado, las más significativas y de mayor cuantía fueron La Ruta del Sol, Tramo 2 (2009) y el contrato para la navegabilidad del río Magdalena (2014).
El escándalo ya empezó a cobrar sus primeras víctimas: la Fiscalía le imputó cargos al ex Viceministro de Transporte, Gabriel García Morales, de enriquecimiento ilícito, cohecho e interés indebido en la celebración de contratos. Lo anterior, en virtud de la adjudicación del contrato de la Ruta del Sol Tramo 2. Otro funcionario público directamente implicado que recibió parte de los sobornos, es el exsenador Otto Nicolás Bula, el cual tuvo por objeto la adjudicación del contrato para la vía Ocaña-Gamarra a favor de Odebrecht. Con el fin de obtener dicho contrato, la compañía pagó cerca de 4.6 millones de dólares y así evitó la apertura de una nueva licitación pública logrando continuar con el convenio.
Por otro lado, se está investigando la posible existencia de nexos corruptos entre la compañía sindicada y las campañas presidenciales de Juan Manuel Santos y Oscar Iván Zuluaga. Así pues, la preocupación de los colombianos al respecto va en aumento, abriendo la puerta a una realidad que probablemente a todos nos ha rondado por la cabeza pero no la habíamos visto materializada de una manera tan clara: independientemente de la rivalidad entre candidatos y las diferencias entre gobernantes, la corrupción es un inconveniente que los atañe a todos, y sí es así, ¿cómo salir del enredo?
Ahora bien, la corrupción no es algo nuevo, y, lamentablemente, mucho menos en nuestro país. Desafortunadamente, tampoco es un fenómeno que se vea exclusivamente en la clase dirigente: día a día vivimos este fenómeno concretado en acciones pequeñas que dejamos pasar desapercibidas o consideramos de menor impacto, motivo por el cual terminamos aceptándola, o por lo menos, no reprochándola como deberíamos. Sobornar a un policía para evitar una multa o pagar “algo” de más para que un trámite se haga con mayor agilidad son acciones que como sociedad hemos tendido a normalizar. Incluso da la sensación de que los temas de corrupción, como el caso Odebrecht, solamente salen a la luz pública cuando llevan muchos años produciéndose sin que nadie diga ni haga nada al respecto, y precisamente se vuelven noticia solamente cuando hay intereses políticos de por medio y riñas que saldar.
Tristemente, todo parece indicar que a la corrupción nos acostumbramos. Sumidos en el conformismo, sobre la base de decir que somos un país corrupto, dejamos pasar incidentes que no empiezan a preocuparnos sino hasta que podemos cuantificarlos en sumas millonarias de dinero. No obstante, la problemática moral y ética del asunto aparentemente nos tiene sin cuidado.
Tenemos que empezar a cuestionarnos más allá de los números y las noticias deben empezar a girar más entorno a los principios y valores carentes en nuestra sociedad, por encima de las sumas y restas del erario. En cuanto persistan en nosotros los vacíos como personas, se mantendrán también los desfalcos al Estado y el déficit fiscal que tanto nos atormenta. Mientras nosotros como individuos no cambiemos nuestro comportamiento no podremos exigirle otro a nuestros gobernantes.

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