martes, 7 de mayo de 2013

¿Cómo escoger la mejor opción?


 

 El título de pregrado es solo el comienzo del camino, pues el mercado laboral ha cambiado las exigencias para los egresados. Además, hoy en día los títulos de posgrado dejaron de ser una ventaja para convertirse en un requisito. ¿Cómo escoger entre el vasto catálogo de opciones? FORO JAVERIANO presenta a continuación, en palabras de quienes ya vivieron las experiencias, los pros y los contras de algunas de las opciones.



La tendencia a buscar la especialidad de los conocimientos y la experticia de las áreas concretas en las diferentes profesiones, ha generado paulatinamente una proliferación de la búsqueda de personas con estudios posteriores al pregrado universitario por parte de los empleadores alrededor del mundo. Las opciones son bastantes y los costos altos, y esto resulta objeto de preocupación para muchas personas recién graduadas, que muchas veces no saben qué clase de estudios realizar en relación con sus preferencias particulares.
 

Desde los diplomados hasta los doctorados, fluyen infinidad de opciones que realmente nunca parecen claros en cuanto a su contenido, extensión y utilidad. Cada vez los estudios particulares sobre específicos temas prometen la apertura a campos del conocimiento que incluso traspasan las demarcaciones de la profesión misma.
 

La necesidad del valor agregado en la carrera profesional es un aspecto que se comienza a percibir incluso antes del grado universitario. Los estudiantes buscan, cada vez más jóvenes, títulos que acrediten un añadido a sus estudios; algo que muestre que no se limitan al simple estudio de su carrera profesional sino que van más allá. Estudios en otros lugares del mundo parece siempre la opción más apetecida. Pero, ¿en qué consisten realmente estos estudios que pueden determinar el ingreso o rechazo de un empleo deseado y qué implicaciones tienen en la vida profesional?


En esta edición especial, FORO JAVERIANO se ha encargado de averiguar qué ocurre tras el membrete en la hoja de vida y descubrir lo que realmente significa un estudio posgrado en el exterior, sus implicaciones, ventajas y desventajas en relación a las preferencias personales. Maestrías, especializaciones y otros serán analizados a continuación para poder conocer un poco más de estas valiosas inversiones para el futuro.

 



Seminarios en la Universidad de Notre Dame, alternativa paralela al pregrado


Notre Dame es una universidad localizada en South Bend, Indiana, a dos horas de Chicago y hoy en día su facultad de derecho se ubica dentro de las 10 mejores de Estados Unidos. Dentro de los programas más solicitados por los estudiantes, es necesario destacar los Seminarios para el Estudio de Instituciones Occidentales, ofrecidos por el Phoenix Institute. Éste consiste en asistir a esta Universidad por tres veranos consecutivos, para estudiar distintas materias relacionadas con la existencia del ser humano, dándole al curso un enfoque netamente humanístico.

 En los pasados años, han sido varios los estudiantes de la facultad que han tenido la oportunidad de cursar este programa, como Nicolás Esguerra, Miguel Torres y próximamente Daniel Orduz. En sus palabras, el Phoenix Institute busca gente que tenga aptitudes de líder, que valore el concepto de amistad y, sobre todo, que sienta compromiso con la sociedad en la que vive y con el mundo entero. Como ellos nos contaron, el programa no es solo para estudiantes de derecho; gente de distintas disciplinas, países, idiomas y lugares concurren durante los veranos, dándole un enfoque único y brindando experiencias invaluables para quienes asisten.

 El programa tiene como objetivo aproximarse a diferentes puntos de estudio desde perspectivas diferentes, siempre enfocadas en el compromiso que se tiene con la sociedad y teniendo presente la intención de generar un cambio en ella. La experiencia de vida y la aproximación a temas vitales para la sociedad son las principales ventajas que este programa ofrece. Para quienes ya han ido, las situaciones que se presentan y la posibilidad de analizar desde diferentes puntos de vista dan una completa y muy útil oportunidad de aprendizaje para la vida académica y profesional del participante.

 La aplicación es ajena a la Universidad, y durante el proceso es necesario escribir un ensayo en donde se relate por qué se desea hacer parte del proyecto,  presentar una entrevista y asistir a unos seminarios en Bogotá. Al final de los cursos, los estudiantes se gradúan con el título Specialization in Advanced Social, Political and Economic studies, que tiene el nivel de un título de maestría.

 

 

Especializaciones, la mejor forma de iniciarse en el campo elegido



La especialización es una modalidad de posgrado reconocida en Colombia, cuyo nombre resulta de por sí sugestivo, ya que tiene como finalidad la profundización en una determinada área de conocimiento que, por lo general, hace parte de una formación académica adquirida durante el pregrado.

Hablar quienes ya han pasado por esta fase de enriquecimiento académico sirve para orientar a quienes se han trazado como meta cursar una especialización una vez hayan adquirido su diploma de pregrado. 

 En primer lugar, es pertinente hablar del proceso de admisión. Sin perjuicio de que los requisitos y criterios de entrada varíen según la demanda que tenga una determinada especialización, lo común es que se exijan notas del pregrado con el promedio ponderado como primer filtro y luego se exija la presentación de un examen y una entrevista donde se valora si el aspirante encaja en el perfil profesional del área a especializar.

 Quienes ya la estudiaron recomiendan cursar la especialización cuando se tenga experiencia  laboral en el área de interés de por lo menos un año, de manera que se pueda sacar mayor provecho a los estudios, dado que son una herramienta para profundizar y acentuar conocimientos previamente adquiridos y no como un primer acercamiento al tema específico.

 Al hablar de los beneficios, y como lo contó Jorge Andrés Valencia (quien realizó especializaciones en derecho de seguros y derecho administrativo), las especializaciones “permiten desarrollar un perfil que será determinante y beneficioso tanto desde el punto de vista del profesional que busca empleo, como de la empresa que está contratando para conseguir a la persona indicada que pueda satisfacer determinadas necesidades”. Por otro lado, el salario aumenta al estudiar este posgrado, en la medida que presupone una mayor calificación del empleado por sus conocimientos en determinado tema lo cual repercute de manera positiva en la retribución económica que va a recibir por su trabajo. Además, en palabras de Juan Camilo Visbal (especialista en gestión de riesgos y control de instituciones financieras), “tienen como valor agregado que proporcionan a los estudiantes la posibilidad de relacionarse con gente que desarrolla su vida profesional en el mismo campo, lo cual se traduce en una sinergia y representa un apoyo importante a la hora de buscar oportunidades laborales”. Esta opinión la comparte también Luisa Gómez (quien se especializó en derecho laboral), en cuya opinión “es interesante poder compartir durante un año el salón de clases con las personas que en el campo profesional serán en distintas circunstancias tu competencia o tus mayores aliados.”

 

 

Juris Degree, alternativa para quienes quieren ejercer en Estados Unidos

 
Si bien la experiencia de estudiar en el exterior se puede tener de diferentes maneras, pocas abren las opciones laborales como lo hace el Juris Degree (J.D.). Como nos contó Ximena Castrillón, tras la crisis estadounidense se redujeron las opciones de trabajo para los abogados extranjeros que viajan y realizan allá un máster en leyes (LL.M), pues prefieren contratar a quienes tengan título de abogado en Estados Unidos, al punto que, de los 80 compañeros que ella tenía en el LL.M que estudió en la Universidad de Cornell, solo uno pudo quedarse trabajando (y no porque los demás no quisieran).

Entonces, ¿en qué consiste el juris degree? Esta opción, que no es muy conocida, le permite a los estudiantes estudiar derecho y graduarse con título de abogado estadounidense. A diferencia de lo que sucede en Colombia, en donde los estudiantes entran a la facultad de derecho tras haber terminado el colegio, en Estados Unidos es necesario tener un título de bachelor primero (que se obtiene tras 4 años de estudio undergraduate una vez terminado el colegio), por lo que el estudio de leyes se hace a manera de posgrado. Para los estudiantes extranjeros, el título de abogado de su país se toma como título de bachelor, por lo que pueden entrar directamente a las escuelas de leyes. Además de la ventaja ya mencionada, el obtener el J.D. permite presentar el examen de la barra (necesario para ejercer la profesión) en cualquier Estado, mientras que, tras un LL.M, las posibilidades para presentarlo son mucho más restringidas. Algunas universidades, además, ofrecen programas en los que, extendiendo un año el estudio del J.D., el estudiante puede graduarse también con un LLM o un MBA. El J.D. no es una opción económica (porque, además, es necesario presentar el examen LSAT), pero es la mejor si lo que se quiere es ejercer la profesión en Estados Unidos.

 

 

Maestrías y LL.M, estudios necesarios para el ejercicio profesional


Tener un título de maestría es fundamental para quienes quieran ejercer la profesión, ya sea dedicándose a la academia, a la investigación o al trabajo en los sectores privado o público. Estudiar una maestría permite analizar de manera más profunda un tema jurídico concreto. El catálogo de maestrías es muy amplio, y se encuentran, tanto estudios sobre temas concretos, como “maestrías en derecho”, que le permiten a cada estudiante enfocarla en el campo de su preferencia y así obtener los mayores beneficios a nivel profesional y personal.

A la hora de escoger una maestría es importante considerar el lugar. Si bien las universidades colombianas ofrecen un amplio número, es cada vez más común salir del país para realizarla. Según Ximena Castrillón, quien estudió un LL.M en la Universidad de Cornell, Estados Unidos, pese a que estudiar en el extranjero implica asumir costos más elevados (cuyo retorno económico no se puede esperar a corto plazo), la experiencia de vida es mucho más significativa. Para ella, el haber vivido por fuera, conociendo personas de otros países, así como el poder perfeccionar otro idioma, son ventajas de estudiar en otro país, una experiencia que va más allá de simplemente “lavar el título”. Así mismo, muchas firmas de abogados buscan personas que hayan estudiado por fuera, ya que la experiencia que se adquiere resulta de mucho valor. Aún así, el hacerlo en Colombia tiene también ciertas ventajas desde su punto de vista, como la posibilidad trabajar mientras se estudia.

En su experiencia, es mejor hacer la maestría tras haber trabajado durante unos años, puesto que se llega mucho más enfocado y se puede aprovechar más la experiencia. Sin embargo, tampoco es bueno esperar demasiado, pues el promedio de edad de quienes la estudian (sobre todo por fuera del país) no es muy alto, y gran parte de la experiencia depende de los vínculos que se creen con los demás estudiantes.

 

 

 Doctorado: El último escalón


El doctorado es el último escalón que un profesional puede dar en su vida académica. Por lo general esta precedido por una maestría, pero esto no es obligatorio, depende de la Institución donde se realice y los requisitos que ésta exija.

Para el doctor Roberto Vidal López, doctor en derecho de las universidades Javeriana, Rosario y Externado, los doctorados tienen como finalidad “entrenar a la persona para que haga investigación en derecho”, es decir, el doctor en derecho es aquel que logra, a partir de un conocimiento, realizar una investigación y producir un nuevo conocimiento. Ahora, eso no quiere decir que los doctorados solo sean provechosos para quienes se quieran dedicar a la investigación o a la docencia. Esta idea se ha venido modificando, pues las habilidades que se aprenden convierten a la persona en un ser entrenado para resolver conflictos con un alto grado de dificultad. En palabras de Vidal, “quien ha hecho un doctorado es una persona muy bien armada, que cuenta con distintas herramientas para resolver problemas complejos que se presenten en distintos escenarios, ya sea en una empresa o en un litigio”.

La diferencia con las maestrías radica en que los doctorados buscan analizar el derecho como un todo. Es por esto que la mayoría de doctorados son sobre derecho y son muy pocos los que se centran en puntos más específicos. Sobre este punto, Vidal emplea una metáfora muy útil para entender esta diferenciación “quién hace una maestría es quien sabe sobre un programa de computador, Excel, Word, etc., mientras que el doctor es aquel habilitado para diseñar un computador”.

 

 

Editorial: Una última invitación


Por: Sebastián Solarte


Durante la carrera, los estudiantes soñamos con el momento en el que el decano nos haga entrega del diploma que acredite que el pregrado, ese primer paso dentro de la formación jurídica de los abogados, ya se cerró. Dentro de los ahora egresados, habrá algunos cuyo paso por la facultad se limitó a los 190 créditos de materias de derecho, complementarias y electivas que eran necesarios para poder graduarse. Habrá otros, en cambio, que aprovecharon el tiempo del pregrado para ampliar sus horizontes, explorar nuevos proyectos y desarrollarse en distintos sectores. Ellos saldrán con un valor agregado personal, producto de su persistencia y sus ganas. El pregrado es, por qué no, el último momento para el ensayo y error, para salir de dudas, y así no quedar con la pregunta “¿qué hubiera pasado si…?” dando vueltas en la cabeza. El tiempo está, las oportunidades también, y, de fallar, las consecuencias serán parte de ese proceso de afrontar las tareas pendientes.

Escoger estudiar derecho es una decisión difícil de tomar. Al entrar, nadie sabe con certeza qué es lo que están por estudiar. Tampoco se tiene muy claro cuáles serán los retos que la carrera propondrá, ni mucho menos cómo será la vida tras graduare con el título de “abogado” pesando sobre los hombros. Muchos, incluso, se toman un tiempo entre el colegio y la universidad para pensar, pero al final, y en medio de toda la incertidumbre, la decisión se toma. Así, se llega a primer semestre sin saber qué le depararán los siguientes cinco años de la vida, pero consciente de que, para poder estudiar derecho, fue necesario dejar de lado otras opciones de vida que, en algún momento, fueron consideradas. Dichas alternativas, compuestas por hobbies y pasiones principalmente, siguen latentes al interior de la cabeza del estudiante, quien incluso alcanza a averiguar cómo vincularse al equipo anhelado, cómo inscribirse a un curso de música o de cocina, o cómo proceder para hacer ese doble programa con el que se fantaseaba en el colegio.

Sin embargo, en esta facultad somos víctimas de la comodidad del horario. Salir a más tardar a la 1:00pm malcría. La disponibilidad de tiempo permitiría explorar los proyectos que se tenían en mente al iniciar la carrera, pero la pereza se convierte en una excelente fuente de excusas. La universidad nos “pica”, la casa nos llama, y todas las iniciativas terminan cediendo ante la llamada “madre de todos los vicios”.

Es gracias a esa comodidad, que muchos abandonan los proyectos que tenían en mente. Con el paso de los semestres, éstos terminan siendo meros recuerdos de lo que hubiera podido suceder en la universidad. Así mismo, a lo largo de la carrera se conocen nuevas alternativas, muchas de las cuales se ven perjudicadas porque la pereza invita a declinar cualquier propuesta que involucre cierto esfuerzo adicional; y así, quien opte por rechazarlas, tendrá un tranquilo, aun cuando lineal, paso por la universidad. En cambio, quien hace un alto en el camino y decide tomarlas, llegará a su grado con la satisfacción de no haber dejado nada pendiente, o de, al menos, haber intentado. Llegarán, pues, con ese valor agregado que una formación que más allá de lo obligatorio puede ofrecerle a sus vidas.

Este valor agregado del que hablo no es necesariamente académico ni profesional. Tampoco me refiero a actividades cuyo fin sea engalanar la hoja de vida. Cada persona sabrá cuál es el proyecto que, a nivel personal, complementará mejor su formación jurídica. También sabrá cuál es el momento más propicio para ir por él. En mi caso, fue en este periódico, el cual tengo el honor de dirigir hasta esta edición, donde encontré una alternativa que me permitiera ir más allá. Me di cuenta de que el pregrado es una oportunidad única para explorar y experimentar, y cada uno es responsable de ver cómo le saca el máximo provecho. Espero que quien me suceda pueda disfrutar la experiencia y sacarle todo el provecho que ésta puede ofrecer.

La cuña no va dirigida hacia nada en particular. Tiene como único fin motivar, invitar a vencer la comodidad y la pereza, y así aprovechar las oportunidades que se presenten para ir más allá durante unos años que, de lo contrario, podrían llegar a ser desgastantes y agotadores. Nadie se preocupará por revisar que cada estudiante esté aprovechando al máximo su paso por la facultad; es tarea de cada uno decidir si se quieren chulear los proyectos que se tenían en mente. La idea es que esta editorial sirva de espejo, que refleje todo lo que está pendiente y todo lo que se dejó pero se quiere hacer, y que no sea el diploma de abogado el que lo haga cuando ya sea muy tarde. Esa es la invitación que hoy les hago.

Editorial: Mano dura, éxito asegurado


La política siempre ha pretendido alcanzar un justo medio en el que se concilien las posturas de los diferentes sectores de la sociedad. Sin embargo, diferentes experiencias muestran que el secreto para ser exitoso a nivel individual parece radicar en la intransigencia, los apasionamientos, la desproporción y la estigmatización de los demás.
 
Por: Sebastián Solarte


A raíz de la muerte de Margaret Thatcher, las  páginas de los medios de comunicación y las redes sociales se llenaron de artículos que debatían, no siempre de una manera políticamente correcta,  la significación de Thatcher, sus políticas y su influencia a nivel mundial. Llamó particularmente mi atención un video que mostraba un grupo de jóvenes conservadores durante el funeral de la ex primera ministra, los cuales destacaban su temperamento y tenacidad, incluso la apodaban “la heroína de la derecha”, pese a que ninguno de ellos la vio gobernar. Como era de esperarse, aprovecharon la oportunidad para mandar mensajes de advertencia a la “izquierda”.

Me acordé en ese momento de las palabras de un amigo que alguna vez me dijo que “la gente siempre necesitará héroes, personas –o, al menos, imágenes- que vivan sus ideales de forma apasionada y que logren generar controversia”. Es esta última parte, para mí, la que caracteriza a los héroes modernos: la capacidad de generar amores y odios a partir de la defensa de unas banderas, más allá de lo oportunas y correctas que sean. Siempre se añorará la presencia de políticos radicales, que, con su “mano dura” y sus posiciones invariables, logren hacerse un lugar dentro de los corazones de los ciudadanos. Esto se puede ver en las recientes elecciones venezolanas, donde la razón fue vencida por la pasión, y el candidato a quien los pájaros le hablaban se quedó con la presidencia. Más allá de las especulaciones alrededor del proceso electoral, lo cierto es que Maduro obtuvo una importante cantidad de votos gracias a sus irracionales estrategias de campaña, pasando por encima de lo que la cordura hubiera sugerido a priori.

Colombia no se queda atrás. La figura que más se acerca a la que se está describiendo es la de Álvaro Uribe Vélez. Sus políticas lo llevaron a obtener un histórico récord de popularidad, alcanzando el 85% tras la Operación Jaque y siendo 72% el promedio de sus 8 años de gobierno. La pasión (en algunos, desenfrenada) que genera el expresidente está lejos de cesar, puesto que su misión durante los últimos años ha sido crear un neonacionalismo a punta de hiperbolizar la realidad y promover la segregación de quienes piensan distinto. Así, expresiones como “traidor”, “comunista”, “enemigo de la paz” o “apátrida” se han vuelto muy populares, por ejemplo, en las redes sociales; basta con ver los tuits que contenían el hashtag “#NoMásSantos” para ver el odio ciego que el uribismo ha logrado inculcar en lo más profundo de sus seguidores. El que prefiere ver a Iván Márquez en el Senado en vez de verlo en la insurgencia coordinando masacres, así como el que se alegra de que Colombia no esté más al borde de enfrentarse con sus vecinos, es un traidor chavista-castrista (¿ahora madurista?) que no reconoce la falta que hace la mano dura de Uribe o del que, eventualmente, sea utilizado como títere para que asuma esas banderas.

¿Se puede ser uribista sin dejar la piel –y la razón-? Por supuesto. No todos caen en la idealización de la realidad ni se dejan tentar por la imagen de héroe/mártir que se quiere vender. Incluso tiene seguidores que son conscientes de que en un Estado de Derecho son inadmisibles escándalos como los “falsos positivos” o las chuzadas. Sin embargo, este uribismo moderado, si se quiere, no es el común denominador, ni siquiera al hablar del grupo de los abogados (que, en teoría, tienen más herramientas jurídicas para discernir) que apoyan al expresidente. Fue curioso escuchar cómo un amplio número de estudiantes de derecho y abogados javerianos exclamaban que el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el litigio entre Colombia y Nicaragua debía ser desacatado. Un abogado, durante 5 años, estudia temas como la seguridad jurídica, la confianza en las instituciones y la importancia de la heterocomposición a la hora de solucionar conflictos, entre otros. A pesar de esto, su criterio jurídico fue vencido por el nacionalismo que se apoderó en esos días de un amplio número de colombianos que creían tener mejores herramientas que los magistrados del tribunal internacional. Ahora, es fácil imaginar cuál sería la reacción de esos abogados el día de mañana cuando su contraparte, tras ser vencida en un proceso, decida desacatar la providencia del juez. Muchos de ellos, incluso, se indignaron cuando el procurador Alejandro Ordóñez insinuó que desacataría la tutela que le ordenaba retractarse pos sus declaraciones sobre el aborto. El criterio jurídico, pues, termina siendo maleado por asuntos coyunturales.

Por todo lo anterior, pareciera que, a la hora de hacer política, resulta mejor crear un discurso radical y demagógico, recurriendo así a la inconsciente necesidad de la gente de tener una figura heroica que inspire firmeza y confianza. Lo mismo le sucedió a Margaret Thatcher, cuyas ideas políticas, económicas y fiscales, unidas a su fuerte temperamento, le hicieron merecedora del ya bien conocido apodo “Dama de Hierro”. Su carácter, además, la convirtió en blanco de muchas críticas, siendo una de las más controversiales la referente a su relación con Augusto Pinochet. Según sus detractores, detrás de la aparente fachada democrática se encontraba una mujer que jamás se manifestó en contra de los crímenes cometidos durante la dictadura chilena y que prefería alabar la prosperidad económica que Milton Friedman y los Chicago Boys habían polémicamente ayudado a generar  (recordado es el incidente en la entrega del Nobel de economía a Friedman, en 1976, en la que un activista se levantó y comenzó a gritarle que dejará a los chilenos en paz).

A pesar de todo esto, las reacciones por la muerte de Thatcher, sobre todo en la esfera política, estuvieron cargadas de sentimentalismo, de agradecimiento y de nostalgia por su partida. La reacción de los británicos fue dispar: unos se reunieron en las calles para darle una última despedida al féretro, que paseó por las calles londinenses el día de su funeral; otros se manifestaron en su contra de distintas maneras, siendo una de las más llamativas la que buscaba posicionar la canción Ding Dong! The Witch is Dead (“¡Ding Dong! La Bruja ha Muerto”), de la película “El Mago de Oz”, en el primer puesto de la lista oficial de las canciones más pedidas en la radio británica. Pese a que solo llegó al segundo puesto, logró posicionarse como la canción más descargada a través de iTunes en el Reino Unido. Éstas son las consecuencias de llevar una vida política caracterizada por la rigidez y el radicalismo. En Colombia, los efectos todavía están por verse, pues hasta ahora estamos pasando por el momento de mayor intensidad del radicalismo político reciente. Puede, incluso, que sean las generaciones que no vieron gobernar a ninguno de los involucrados las que hereden esos apasionamientos y determinen las consecuencias de algo que, hoy por hoy, parece no tener una salida próxima.

Maravillosa experiencia

 
Por: Carlos Julio Cuartas Chacón – Decano del Medio Universitario
 
Mucho antes de vincularme formalmente a la Facultad de Ciencias Jurídicas, supe de su reconocida importancia. No se puede hablar de la Universidad Javeriana, de su historia y su servicio a Colombia sin hacer referencia concreta a los egresados de su Carrera de Derecho y a esa lista extraordinaria de profesores que ayer, como hoy, han hecho honor a la cátedra en sus aulas, lo mismo que a ese puñado de jesuitas insignes entre quienes figuran los Decanos y Rectores, Jesús María Fernández y Félix Restrepo. Estos tres años gratos, que me han enriquecido humanamente, me han permitido, no sólo ahondar en el pasado de la Facultad, sino también en sus realidades y lo que es todavía más fascinante, contribuir a su desarrollo en los dos niveles que me corresponden, uno general, el de su gobierno, junto al Decano Académico, el Dr. Carlos Ignacio Jaramillo; el otro, el particular, relacionado con las actividades del Medio Universitario. No hablaré de asuntos históricos, de "los padrecitos muertos" como me señaló una estudiante recientemente, tampoco de mi quehacer, sino del presente y un futuro que es prometedor.

 
Al repasar lo que ha sido este trienio, quisiera destacar, en primer lugar, dos términos: inteligencia y palabra. Resulta imponente el espectáculo de la inteligencia en una Facultad que congrega hombres y mujeres, la inmensa mayoría muy jóvenes, otros no tanto, que se distinguen por su competencia intelectual. Son brillantes. Así lo demuestran cuando se expresan oralmente o por escrito, cuando critican, argumentan y sostienen un hilvanado y referenciado discurso que hace evidente su memoria. Aquí aprendí que el lenguaje es para el abogado lo que las matemáticas y la física son para el ingeniero. Todos los días, en distintos escenarios, tenemos la oportunidad de disfrutar del ejercicio de este arte. En los concursos, por ejemplo, los estudiantes hacen gala de estas condiciones.


Otro binomio que viene a mi mente cuando pienso en la Facultad lo forman las palabras tradición y formalidad. En efecto, aquí, tanto por la naturaleza misma de las Ciencias Jurídicas como por la presencia destacada de profesores que han estado por largos años al frente de su cátedra, los vínculos con el pasado son importantes. Estos hombres egregios, como Bernardo Gaitán Mahecha y Ramón Madriñán De La Torre, -éste último, alumno del primero-, nos hablan con propiedad de la Universidad, del país y de la profesión en las décadas de los 40s y 50s, lo mismo que en la actualidad con perspectiva de cambio y de progreso. Conversar con ellos y con tantos otros profesores, escucharlos, constituye un singular privilegio. Ahora bien, al lado de la tradición, a la cual han contribuido significativamente los Padres Decanos Gabriel Giraldo, S.J. y Luis Fernando Álvarez, S.J., hallamos la formalidad que se impone cuando se trata de "defender los fueros de la Justicia", aprendida en estas aulas, especialmente a la hora de exámenes. Para el abogado la formalidad es esencial, no sólo en lo que a presentación y conducta personal se refiere, sino también en lo que es necesario para la sustanciación de un proceso o el recaudo y valoración de pruebas, por ejemplo.

 
Finalmente, destaco la diversidad y el pluralismo que caracterizan este espacio particular de la Comunidad Educativa Javeriana. El interés por la cultura y las publicaciones, más allá de lo académico y administrativo; por el desarrollo de la vida espiritual, los deportes y, especialmente, por acciones de responsabilidad social que tratan de transformar la realidad de nuestro país, nos permiten apreciar la calidad de profesores y estudiantes, así como del personal administrativo y los egresados. Los desafíos que tiene la Facultad, -la renovación de la acreditación de la Carrera, la reforma curricular y la de planta física-, tienen la garantía de un grupo de personas de capacidad reconocida, comprometidas con el mejoramiento y el humanismo, unidas a la Universidad por lazos fuertes e indisolubles.

“Ésta es una experiencia que le cambia la vida”


Daniel Orduz, Miguel Torres y Nicolás Esguerra, que representarán a la facultad en el Ginebra, Suiza, hablaron con FORO JAVERIANO y narraron cómo ha sido la experiencia, tanto a nivel personal como académico, e hicieron una invitación para que más gente se vincule al proyecto



Estos tres estudiantes llevan preparándose más de un año para representar a la Universidad Javeriana en la onceava edición del ELSA Moot Court, concurso de derecho internacional basado en un caso de la Organización Mundial del Comercio. Su objetivo: superar el sexto puesto alcanzado por la facultad en la ronda final del 2010.

La preparación comenzó en el primer semestre de 2012 con la inscripción de la electiva “OMC 1”,  en la que estudiaron las nociones básicas sobre el derecho de la OMC y definieron el grupo que iba a representar a la facultad en las rondas regionales latinoamericanas del concurso, que se desarrollaron en Costa Rica entre el 11 y el 16 de marzo del 2013. Durante el segundo semestre del 2012, al inscribir la materia “OMC 2”, se dedicaron a estudiar el caso sobre el que giraría el concurso, que en esta edición era de comercio de servicios financieros y de subsidios.

En las rondas regionales tuvieron que enfrentarse a las universidades de los Andes, de Sao Pablo, del Rosario y, en la semifinal, a la de Guatemala. Su desempeño en las audiencias orales (que representaba el 70% de la calificación final), en las que tuvieron que defender las dos posiciones que planteaba el caso, sumado al memorial que enviaron al comienzo del proceso, los hizo merecedores del segundo puesto y les dio un cupo en la ronda final, que tendrá lugar en Ginebra, Suiza, y en la que participarán las mejores facultades de derecho del mundo. De las cuatro universidades latinoamericanas que lograron clasificar, tres están ubicadas en Bogotá, lo que, en palabras de Nicolás, habla del “compromiso de las universidades bogotanas a la hora de sacar profesionales dignos de ser abogados colombianos”.

Sin embargo, lo que más llama la atención al hablar con ellos es la manera como describen lo que esta experiencia ha significado en sus vidas. Sus hábitos de trabajo y su disciplina cambiaron a partir de las exigencias, tanto de fondo como de forma, que les impuso el concurso. Les tocó acostumbrarse a escribir en inglés (idioma oficial del concurso) y a exponer sus argumentos con pasión, pues, como nos contó Daniel, la presentación “es prácticamente actuación aplicando el derecho”. Aprendieron también a valorar el trabajo en equipo, dado que, según ellos, el grupo es tan débil como lo sean sus miembros. Además del compromiso y de los aportes, el apoyo entre los participantes es esencial para mantener la cohesión al interior del grupo y para no permitir que los momentos de frustración, de estrés o impotencia (que no son pocos a lo largo del proceso) los debilite.

Participar en estos concursos permite crear vínculos con otras personas y sirve para dejar el nombre la Javeriana y de sus representantes en alto. Por su rendimiento en las rondas regionales, fueron felicitados entrenadores de otras universidades, entre esos el de Harvard, quienes habían quedado impresionados con el nivel demostrado por unos estudiantes cuya lengua materna no era el inglés. Además, Nicolás fue distinguido como el mejor orador de las rondas preliminares y de la ronda final,  por lo que fue premiado con un curso en Hong Kong sobre propiedad intelectual y uno en Berna sobre comercio internacional.

Para Nicolás, este tipo de actividades son el non plus ultra, el valor agregado de un abogado. La facultad entrega unos conocimientos básicos, y es tarea de los estudiantes el tratar de ir más allá en la formación como abogados. Lo que han aprendido, tanto en cultura general como en conocimientos sobre comercio exterior, son elementos sumamente útiles para un estudiante de derecho, y prueba de ello es que quienes han participado en el concurso tienen hoy éxito en su vida profesional. Además, en el curso de pregrado que trata este tema (“derecho internacional privado”) se dictan las nociones generales, por lo que, para quienes estén interesados en profundizar, ésta es una excelente opción, que, desafortunadamente, carece de la publicidad que debería tener. “Es una oportunidad que le va a cambiar la vida”, y de la que surgen relaciones muy valiosas, al punto que ellos hablan de la “familia OMC” para referirse al grupo que ellos tres y sus dos entrenadores, Juan Pablo Caicedo y Alberto Madero, han creado. Su idea es que en este grupo participen cada vez más estudiantes para que aprovechen y tengan esta vivencia, que, como expresó Miguel, “fuera de lo que uno aprende de derecho, lo que realmente representa el concurso es una experiencia de vida en todo sentido, que lo forma a uno como persona y que le enseña a interrelacionarse con otras personas”.

Un gran ser humano: homenaje a Sergio Muñoz

Además de riguroso profesor y conspicuo jurista, Sergio Muñoz Laverde es un reconocido jinete cuya vida demuestra la satisfacción que produce amar lo que se hace, bien sea practicar un deporte, dictar clase, litigar o administrar justicia.

 
Por: Andrés Díaz Grillo

 
El 1 de noviembre de 1958, en la ciudad de Bogotá, nació Sergio Muñoz Laverde. Fue el segundo hijo del matrimonio del general Eduardo Muñoz Rivas e Isabel Laverde Esguerra. Gracias a que su padre fue agregado militar naval y aeronáutico de la embajada de Colombia en Argentina, así como comandante de la Segunda Brigada, parte de su infancia transcurrió en Buenos Aires y otro tanto en Barranquilla. Sus estudios, tanto de primaria como de secundaria, los adelantó en el Liceo de Cervantes.

 Con sinceridad, Muñoz confiesa que su decisión de estudiar derecho fue intuitiva, que algo tuvo que ver la Divina Providencia. Cuenta que, sin tener claras las razones por las cuales quería dedicarse a las ciencias jurídicas, se presentó en dos universidades. Aplicó a la Nacional con el único propósito de asumir un reto personal: probar que estaba en la capacidad de aprobar el difícil examen de admisión de tal institución. Para tranquilidad suya, pero sobre todo de su padre, fue admitido. Su otra opción fue nuestra universidad, cuya facultad de derecho, como se sabe, era conducida por el insigne padre Gabriel Giraldo, figura nacional, de quien alguien cercano a su familia le había hablado. Afirma, con seguridad, que no se ha arrepentido ni un segundo de haber elegido nuestra casa de estudios, ello fue para él, sin duda, lo mejor que le pudo pasar.

 
Fue Roberto Suárez Franco, su profesor no sólo de derecho de familia y sucesiones sino también de un seminario de derecho privado que se dictaba en el tercer año de la carrera, cuyo propósito era aunar lo aprendido en la clase de personas con la teoría de las obligaciones, quien descubrió su talento. Además, fue Suárez quien, siendo director de la oficina jurídica de la universidad, lo nombró como su asistente. Fue así como Muñoz empezó a trabajar por las tardes con quien él considera como uno de sus grandes maestros, una figura fundamental en su vida, tanto en lo profesional, como en lo académico y lo personal.  


 Destaca, con temor a excluir nombres, a sus profesores: de teoría del acto jurídico,  Fernando Cancino Restrepo; de derecho penal general,  Bernardo Gaitán Mahecha; de filosofía del derecho, Julio César Carrillo; de introducción al derecho, Rodrigo Noguera Laborde; de derecho romano I,  José Manuel Fonseca; de derecho romano II,  Carlos Darío Barrera y de obligaciones, Jorge Cubides Camacho.

 
Aunque guarda entrañables recuerdos de su paso por la facultad como estudiante, destaca lo sucedido el último día de clases. Corría el mes de octubre de 1980, se encontraba junto con sus compañeros en frente del Hospital San Ignacio, en lo que entonces era la playita de derecho. Como suele ocurrir en esa jornada, el ambiente estaba cargado de emotividad y nostalgia. De pronto, uno de sus compañeros, Víctor Bravo, quien trabajaba en la Secretaría de la facultad, lo buscó para decirle que el padre Giraldo lo necesitaba inmediatamente en su oficina. Una vez superada la sorpresa, se dirigió con prontitud al despacho del ínclito religioso, que quedaba en el segundo piso del edificio central. Con emoción, recuerda que el padre le dijo que empezara a preparar temas de derecho privado, de derecho de personas, porque a partir del año entrante, es decir, de 1981, iba a ser profesor auxiliar del doctor León Posse Arboleda en personas, e iba a tener un seminario, en segundo año, sobre el mismo tema.  Este fue, desde luego, uno de los momentos más significativos de Muñoz, que por aquel entonces contaba con apenas veintiún años de edad.

 
Curiosamente, su tesis no fue sobre derecho privado. Como en ese momento trabajaba en la universidad, y debido a que en 1980 se había producido una reforma al régimen de la educación superior en Colombia de gran trascendencia, Muñoz decidió estudiar el aspecto legal de la instrucción universitaria. Su tesis, titulada “Bases Jurídicas para una contrarreforma del régimen de la educación superior del sector privado en Colombia” fue dirigida por su ilustre maestro, el doctor Suárez Franco, por ese entonces Magistrado del Consejo de Estado, quien, vale anotar, fue además el prologuista de la obra.

 
Una vez graduado, no solo reafirmó su vocación como docente universitario, al continuar dictando el seminario de derecho civil que se le había encargado desde 1981, sino que comenzó a dar su clase de contratos. Ello, a la vez que fue nombrado Director de la Oficina Jurídica de la universidad. En 1986, gracias a que el doctor Juan Carlos Esguerra, en su calidad de miembro de la Junta Directiva del recién oficializado Banco de los Trabajadores, sugirió su nombre para ocupar el cargo de Secretario General y Vicepresidente Jurídico de tal entidad, Muñoz inició su experiencia en el sector financiero. Pasados dos años muy difíciles, el doctor Álvaro Dávila Ladrón de Guevara lo llamó para que fuera el Vicepresidente Jurídico de la Fundación Social, cargo que ocupó hasta 1997.

 
Paralelo a este ejercicio profesional, continuó dictando su clase de contratos en pregrado y de contratos mercantiles en la especialización de la facultad. Fue justamente en las aulas de clase, en el año 1994, donde tuvo como alumna a su hoy esposa, la abogada javeriana María Fernanda Alarcón Salvat, con quien tiene dos hijas, Sofía, de trece años y Camila, de diez. Ahora bien, no hay que olvidar su participación como docente en otras facultades como las de las universidades del Norte, la de Caldas, la Sergio Arboleda y la de la Sabana. Precisamente en esta última, durante un breve lapso en el que se vio obligado a retirarse de nuestra casa de estudios, conoció a su actual socia, la doctora María Isabel Osorio, una destacada alumna de su curso de obligaciones.
 

Hoy por hoy, además de ejercer como profesional independiente, Muñoz es Conjuez de la Sección Tercera del Consejo Estado y árbitro de la Cámara de Comercio de Bogotá. Sobre su experiencia como Conjuez, destaca la inmensa responsabilidad que recae sobre quien tiene la sublime labor de administrar justicia y sostiene que, aun cuando tal tarea es muy delicada, también resulta tremendamente interesante y de un impacto social increíble.  Por otra parte, señala que el hecho de que en algunos casos su rol sea el de abogado de parte y en otros el de árbitro, le brinda la extraordinaria posibilidad de complementar las dos visiones.

 
Agotado el mundo jurídico en el que se desenvuelve este reconocido profesor de obligaciones, no queda otro camino que ahondar en su ADN. Es entonces cuando salta a la vista su pasión por los caballos, por el universo ecuestre en el que lo inició su padre. Ciertamente, es el amor por estos animales lo que hace que casi todos los días (de martes a domingo), a las seis de la mañana en punto, Muñoz monte, en el Centro Ecuestre La Lomita, a Alaska, un caballo alemán, de raza Holsteiner con el que ha ganado varias competencias y con el que se está preparando para participar en los Juegos Bolivarianos que se llevarán a cabo en noviembre en Lima. Ahora bien, antes de Alaska estuvo Arcano, un caballo, de origen mitad alemán y mitad francés, comprado hace cerca de catorce años. Con él fue campeón nacional en los cuatro niveles posibles y ganó varias veces la competencia FEI WORLD DRESSAGE CHALLENGE. Aun cuando este caballo sigue siendo suyo, desde que sufrió una lesión es Juan Carlos Uribe, su amigo y el profesor de equitación de sus hijas, quien lo monta. Su más reciente adquisición es Dark Dancer, caballo Hannoveriano que, al momento de escribir estas líneas, aún no había llegado a Colombia.

 
Con entusiasmo, nuestro admirado maestro señala que lo mejor del adiestramiento, que es uno de los deportes más difíciles que hay, es la desconexión que se produce con la cotidianidad.  Al montar “(…) no hay pleitos, no hay problemas, no hay universidad, no hay términos que se vencen, no hay nada (…)”. Destaca que el hecho de que este deporte sea con un ser vivo lo hace único, pues el lazo que se crea con el caballo no lo puede llegar a tener, por ejemplo, un tenista con su raqueta, por más de que ésta le guste. Por último, aunque reconoce que su esposa no monta, pues tuvo un accidente serio cuando era niña, afirma que el mundo familiar gira en gran medida en torno a la equitación y cuenta que sus hijas montan, e incluso Sofía, la mayor, ya lo hace algunas tardes entre semana.

 
Su familia, los caballos y el derecho, es decir, la enseñanza y el ejercicio profesional  constituyen, sin duda, los ejes fundamentales de su vida. Eso sí, disfruta mucho de los huevos benedictinos de Perkins (la cadena de restaurantes estadounidenses), de la posta con arroz con coco y plátanos pícaros (con Kola Román) que hace su suegra barranquillera Carmen Salvat, de libros como “La regla moral en las obligaciones civiles” de Georges Ripert o “El alma de la toga” de Ángel Ossorio, y de la película The sound of music, conocida en español como La Novicia Rebelde.

Green Terraces: Revolucionando la agricultura urbana

A través de este proyecto, merecedor del segundo puesto en el concurso internacional Urban SOS 2012, se pretende, además de transformar zonas de riesgo en espacios de agricultura urbana, generar incentivos económicos para comunidades marginadas, crear sentido de pertenencia y lograr integrarlas a la ciudad.


Por:
Guillermo Umaña – Estudiante de Planeación Urbana de la Universidad de Macquarie, Australia
Juan Camilo Pinzón – Estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad de los Andes
Santiago Narváez – Estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad de los Andes

 
“Green Terraces” (GT) es un proyecto que busca combinar la agricultura urbana con la prevención de problemas relacionados con la erosión en zonas montañosas urbanas. El proyecto se basa en un sistema de terrazas simples, como las usadas por muchos grupos indígenas suramericanos, y busca convertir pendientes peligrosas que ya han tenido derrumbes y deslizamientos en zonas viables para la agricultura urbana. La combinación de los dos conceptos (agricultura y prevención de derrumbes) hacen de este proyecto una solución innovadora a los problemas sociales de muchas ciudades andinas, como Bogotá. Mediante un sistema de terrazas construidas por voluntarios y por la comunidad misma, las pequeñas pendientes que, en otro caso, son tanto peligrosas como inútiles, se convertirán en espacios sostenibles que generarán incentivos económicos y contribuirán a la seguridad alimentaria de las zonas urbanas más vulnerables.

Este proyecto quedó en el segundo lugar del concurso estudiantil internacional Urban SOS 2012, organizado por la compañía de ingeniería AECOM. Éste es un concurso que se realiza todos los años y está abierto a todos los estudiantes universitarios del mundo. La final del concurso se realizó en Nueva York el 15 de enero de 2013. Durante el año 2013 Green Terraces va a ejecutar el primer proyecto de terrazas sostenibles en la zona periférica del sur de Bogotá, junto con el programa ambiental de la ONG Techo Colombia. Green Terraces ya ha recibido donaciones de la empresa AECOM y de la Universidad de Macquarie, en Australia, para comenzar con el proyecto este año.

Green Terraces hace parte de la solución a largo plazo a la variabilidad climática generada por el calentamiento global, la cual afecta a las poblaciones más pobres, pues son éstas las poblaciones localizadas en terrenos menos resistentes y en áreas más vulnerables. El sistema montañoso de la Sierra Morena, el cual separa geográficamente al sur de Bogotá de Soacha, presenta las condiciones necesarias para la generación de derrumbes y deslizamientos. La extracción de piedras en gran parte de la zona borde entre Soacha y Bogotá ha contribuido a la degradación de las pendientes y ha generado más riesgos para la población que se ha asentado en esta zona. Además, Green Terraces es un proyecto que tiene en cuenta que la zona periférica del sur de Bogotá ha sido históricamente poblada por inmigrantes rurales y desplazados, y por eso, convertir las pendientes en riesgo en áreas útiles para la agricultura urbana y el uso adecuado del suelo no solo previene catástrofes, sino que genera incentivos económicos, integración a la ciudad y sentido de pertenencia para estas comunidades.

La solución clave al problema es darle un uso sostenible y adecuado a terrenos que, en otras circunstancias, no podrían ser usados de ninguna forma, y además, representarían riesgos para los habitantes. Green Terraces busca poner la agricultura urbana en un lugar importante para la regeneración del suelo y la lucha contra la pobreza. Mediante el concepto simple de terrazas de cultivo de pequeña escala, ejecutable por las comunidades mismas, se puede llegar a resultados urbanos a gran escala, que no pueden ser logrados por megaproyectos sino por pequeños cambios dentro de las comunidades mismas.

Green Terraces está buscando el apoyo de más gente para expandir el proyecto y las ideas detrás de GT. Los invitamos a todos a hacer clic en “Join” en la página oficial de Green Terraces (http://www.causes.com/causes/812388-help-prevent-landslides-through-urban-agriculture-green-terraces). Uniéndose e invitando a más personas a hacer parte del proyecto nos ayuda a acercarle la idea a un mayor número de gente, incluyendo a aquellos que estén interesados en hacer una donación. Unirse al proyecto también nos permite mantenerlo actualizarlo en los avances del proyecto, que comenzará en 2013. Si está interesado en obtener más información o donar a la causa, no dude en contactar a alguno de los líderes del proyecto, Juan Camilo Pinzón (juancamilo147@gmail.com) o Guillermo Umaña (guillermoumanarestrepo@gmail.com).